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miércoles, 29 de abril de 2009

Guía de estudio 1



Literatura 6º año

Profesora María Pedragosa

Maldonado, 2009.

GUÍA DE ESTUDIO 1

Romanticismo, parnasianismo y simbolismo.

Autor: Charles Baudelaire.

Obra: Las flores del mal.

Poemas: "Al lector", "Una carroña", "Perfume exótico".

Romanticismo

Ubicación:

· Surge a fines del siglo XVIII y principios del XIX.

· Se inicia en los países nórdicos (Alemania e Inglaterra) y luego se extiende por toda Europa.

Antecedentes:

· Pre-romanticismo: Francia (Diderot y Rousseau)

· Sturm und Drang: Alemania (Göethe y Schiller)

Caracterización:

· Como movimiento cultural y artístico es vasto y de naturaleza contradictoria, razón por la cual se vuelve difícil sintetizar los elementos definidores.

· Abarca todas las artes: música, pintura, escultura, literatura, etcétera.

· Además de una posición estética, constituye una postura frente a la vida.

· Surge como reacción contra el clasicismo: lo clásico se identifica con el orden y la razón; lo romántico, con la exaltación de sentimientos.

· La concepción de la naturaleza está impregnada del panteísmo de Spinoza: se trata de una naturaleza animada, habitada. Basado en el principio de un organismo vital único que adquiere diferentes formas, el romántico piensa la naturaleza y la obra de arte como una analogía. La naturaleza es simbólica y, al pensarla como un lenguaje, el poeta se convierte en un descifrador.

· "Un poema yace encerrado en la naturaleza como secreta y misteriosa cifra". Hay un intento de recrear en la poesía el lenguaje primitivo, originario de la naturaleza.

· El conocimiento romántico está impregnado por la obsesión de una pérdida y al mismo tiempo, por la intuición o esperanza de acceder a un saber absoluto, infinito: no acepta límites.

· Sentido de la poesía: es conmoción del ser y busca conmover al otro. Las poéticas románticas hablan de la poesía como éxtasis, como visitación. El poeta es alguien ajeno, alienado, en contacto con lo irracional. Esta vivencia de embriaguez, exaltación lo conduce a una vida desbordante, ardiente y sombría. Surge el concepto de lo meteórico: la poesía como una llamarada que se extingue; de ahí el cultivo de lo fragmentario.

· El romántico cultiva lo inefable, la página en blanco, la atracción por lo no dicho que se deja entrever, lo sugerente.

· Vinculada con esta vivencia mágica de la poesía, ésta se presenta como algo primitivo en un doble sentido: de arte popular y de arte infantil.

· El sueño, el elemento onírico se torna fundamental.

· El rechazo de la civilización, de la máquina se expresa en esta búsqueda de la anti-cultura.

· La sensibilidad romántica está marcada por una tendencia a lo agónico. Esta tendencia sumada a la atracción por lo raro, misterioso y lo horrible, grotesco se constituye casi como la filosofía de la enfermedad.

· Existe una negación de lo ordinario, de lo normal y un rechazo, en lo formal, por lo acabado, terminado. Se evidencia el culto por la belleza medusea, por la cabeza de Medusa donde belleza y fealdad no pueden divorciarse. El poetizar los aspectos de lo horrible, enfermo y patológico era considerado antes del romanticismo como anti-estético.

· El sentimiento de melancolía, de voluptuosidad en el dolor es un sentimiento romántico por excelencia. "La vida es una enfermedad del espíritu" decía Novalis.

· Se destaca la nostalgia, el anhelo que no se satisface nunca: la búsqueda de lo absoluto simbolizada en la flor azul de Novalis.

· El sentido del tiempo: es un tiempo de fuga, huida, retraimiento. Se opera una valoración intensa del sentido de lo histórico como algo evolutivo, como un devenir, como un cambio incesante. Hay una fuga hacia el pasado y un descubrimiento de la sensibilidad del pasado.

· Se da una exaltación del pasado y de lo nacional. Se idealiza la Edad Media y en este retorno a lo medieval se opera una revaloración del espíritu religioso.

· Individualismo: se reivindica la separación entre el individuo y la sociedad; las cosas pasan por el "yo" y el arte se vuelve introspección y confesión.

· Pesimismo: el poeta se siente incomprendido por esa sociedad que lo rechaza.

· Aportó el concepto de libertad en la vida y en el arte (formas abiertas).

· Se destaca el predominio de la imaginación y el sentimiento sobre la razón.

Para romanticismo en Francia consultar Baudelaire, Las flores del mal, Selección, traducción y comentarios: Edmundo Gómez Mango, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1995, pp. 7-17. .

Parnasianismo

· Es una corriente poética de origen francés.

· Nace a partir de la publicación de una antología: Parnaso Contemporáneo (1866) donde editan sus obras poetas como Teophile Gautier, Leconte de Lisle, etcétera.

· Surge como una reacción anti-romántica.

· Reaccionan contra el subjetivismo, el excesivo culto del "yo" y el descuido formal en que había caído el romanticismo.

· Sin embargo toman algunos elementos del mismo, por ejemplo, el gusto por lo exótico y lo pintoresco.

· El ideal parnasiano es una poesía que se asemeje a la pintura y a la escultura, que tenga forma, color y relieve.

· Practican una poesía impersonal, objetiva, sin sentimentalismo, una poesía que tiende a la descripción colorista.

· Impulsan el culto formal; son esteticistas, se interesan por las formas y no por los contenidos. Como creadores de la teoría del "Arte por el arte" sostienen que el arte no debe presentar ningún elemento extra-artístico como lo social, lo político o lo religioso.

· Esta tendencia se agota en sí misma y deja paso a fines del siglo XIX al simbolismo.

Simbolismo

· Surge en Francia hacia 1885.

· Reacciona frente a la impersonalidad de la lírica parnasiana.

· Hay un retorno a la subjetividad romántica pero sin caer en el culto del "yo".

· Su fundador Paul Verlaine marca, en su Arte Poética, las coordenadas. Sus principales representantes fueron Arthur Rimbaud y Stephan Mallarmé.

· "La música ante todo" dirá Verlaine: se destacan el efecto sonoro y el ritmo del verso.

· Se crea el verso impar: breve, concreto, rítmico y musical.

· Se le atribuye singular importancia a los símbolos.

· Detrás de la realidad sensible existe una realidad oculta que es necesario descubrir. El hombre común no lo puede realizar, necesita del poeta. El poeta se convierte en un descifrador de símbolos que devela el lado oculto de las cosas.

· La poesía no puede perder su carga de misterio y magia. Y, para que esto no suceda, sugerir e insinuar más que decir deviene un postulado simbolista.

· La palabra tiene una capacidad evocadora que debe ser explotada por el poeta.

· La belleza es un ideal que se supera y el poeta busca la superación.

· Mallarmé se relaciona con la posición de Platón al considerar al arte como inspiración. Habría una "cadena de inspirados" cuyo primer eslabón sería el poeta y el último el lector. El lector al decodificar el poema participa del fenómeno poético. Se pretende que el lector reciba conjuntamente con el poema un estado de ánimo. "Evocar un objeto para provocar un estado de ánimo y evocar un estado de ánimo para llegar a un objeto" sostendrá Mallarmé.

Las flores del mal: composición, sentido y estructura

"Constituyen una encrucijada poética donde convergen las grandes temáticas románticas, el culto formal de la belleza del parnasianismo y de donde parte la concepción simbolista de la poesía." (Gómez Mango, op. cit. p.14)

· 1857: 1ª ed.

· 1846: en "Le Salon" anuncia la aparición de Las lesbianas, título que busca escandalizar más que reflejar su contenido

· 1848: en "El eco" vuelve a mencionar su libro pero con un nuevo título, Los Limbos, que marca mejor su carácter católico. Al limbo van las almas no bautizadas y que no merecen el Infierno. En Baudelaire es también el reino del tedio del "spleen", donde la noción del tiempo se vuelve obsesión paralizante.

· 1851: con la lectura de Poe desarrolla el desprecio por el progreso y la idea de que la belleza puede encontrarse en lo repulsivo y en el mal. Su propia experiencia lo hace conocer la perversidad del hombre y su inclinación al mal y al vicio. Llega a la idea del absurdo: el mal es un medio para escapar del tedio, del hastío, de la mediocridad y de la inmovilidad.

· junio de 1857: publica Las flores del mal;

· al mes siguiente la policía requisa la edición y Baudelaire es convocado por el juez. El Tribunal condena al poeta y a su editor exigiendo el pago de una multa y la supresión de seis poemas.

· 1861: aparece la segunda edición y con ella la estructura y el ordenamiento definitivo.

· Rasgo esencial de la obra: está concebida como una totalidad, como una estructura en la que cada poema vale por sí mismo pero además por su relación con el conjunto. Se destaca la "arquitectura secreta", "la fuerte unidad".

· Se divide en seis secciones después de un poema, "Al lector" que funciona como introducción:

i) "Spleen e ideal": aparece con claridad el punto de partida de la obra. El poeta aparece alternativamente atraído por el ideal y el tedio, por la grandeza de las aspiraciones del hombre y por sus miserias.

ii) "Cuadros parisinos": deja de buscar en sí mismo y se transforma en un testigo en las calles de la gran cuidad, en París. Descubre en el mundo exterior el reflejo del problema esencial de la condición humana, el mal.

iii) "El vino": presenta un intento de salida hacia "paraísos artificiales", la embriaguez y el sueño.

iv) "Las flores del mal": el fracaso de lo anterior lo lleva al hundimiento en el vicio y en el mal. Aparece la voluntad de destrucción. Se hunde en la depravación y la perversión para extraer de ahí su poesía como último recurso frente al hastío.

v) "La rebelión": como consecuencia de lo anterior y ante la desesperación el hombre se rebela contra la vida y la divinidad.

vi) "La muerte": constituye la aspiración al reposo, al hundimiento en lo desconocido pero con la esperanza de encontrar alguna salida. Es el comienzo de un gran "viaje" más allá de la vida, hacia lo "nuevo".

· Esta estructura de su obra responde a una voluntad del poeta de presentar el itinerario de una vida humana que buscó una salida hasta el fin.

· Baudelaire señala que "el único elogio que pido para este libro es que se reconozca que no es puro álbum, que tiene un comienzo y un fin".

· Este plan orgánico testimonia el alejamiento de Baudelaire del romanticismo cuyos libros de poesía eran compilaciones que seguían un orden meramente cronológico.

Al lector

La estupidez, el error, el pecado, la angurria,

ocupan nuestras almas, trabajan nuestros cuerpos,

y alimentamos nuestros blandos remordimientos,

como los pordioseros nutren a sus gusanos.

Nuestros pecados, tercos; nuestro arrepentir, débil;

con creces nos hacemos pagar las confesiones,

y volvemos alegres al camino fangoso,

creyendo nuestras manchas lavar con viles lloros.

En la almohada del mal es Satán Trimegisto,

quien largamente acuna nuestro encantado espíritu,

y el precioso metal de nuestra voluntad

íntegro lo evapora este sabio alquimista.

¡Es el diablo quien tiene los hilos que nos mueven!

Atractivo encontramos en cosas repugnantes;

cada día al infierno descendemos un paso,

sin horror, a través de tinieblas que apestan.

Cual pobre depravado que besa y que devora

el seno flagelado de una antigua ramera,

robamos al pasar un placer clandestino

que muy fuerte exprimimos como naranja vieja.

Apretado, hormigueante, como un millón de helmintos,

un pueblo de demonios se harta en nuestros cerebros,

y cuando respiramos, la Muerte a los pulmones

baja, invisible río, con apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,

no bordaron aún con graciosos dibujos

el banal cañamazo de nuestro ruin destino,

¡ay! Es que nuestra alma no es lo bastante atrevida.

Pero entre los chacales, las panteras, las perras,

los buitres, las serpientes, los monos y escorpiones,

los monstruos gruñidores, aullantes trepadores,

en el infame circo de nuestros propios vicios,

¡hay uno que es más feo, más malo, más inmundo!

Aunque no gesticule y ni gritos profiera,

haría con placer de la tierra una ruina

y en medio de un bostezo se tragaría al mundo;

¡Es el tedio! -Los ojos cargados de un llanto involuntario,

él sueña con patíbulos, mientras fuma su pipa.

¡Tú conoces, lector, al monstruo delicado,

-hipócrita lector-, -mi prójimo-, -mi hermano!

Una carroña

Recuerda aquel objeto que vimos, alma mía,

una suave mañana estival:

al codo de un sendero, una carroña infame

en un lecho sembrado de piedras,

con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,

ardiendo y sudando venenos,

abría de una manera despreocupada y cínica

su vientre de exhalaciones pleno.

El sol resplandecía sobre esa podredumbre,

como para cocerla a punto,

y devolver por céntuplo a la Naturaleza

todo lo que junto reuniera.

Y el cielo contemplaba la soberbia osamenta

que se abría como una flor.

Tan fuerte era el hedor, que allí sobre la hierba

te creíste desvanecer.

Las moscas bordoneaban sobre ese vientre pútrido,

y salían negros ejércitos

de larvas que corrían como un espeso líquido

por esos vivientes jirones.

Todo eso bajaba y subía en una ola,

se abalanzaba crepitando;

dijérase que el cuerpo, lleno de un soplo vago,

vivía multiplicándose.

Y ese mundo emitía una música extraña,

del agua que corre y el viento,

o el grano que un labriego con movimiento rítmico,

agita y vuelve en su tamiz.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,

un esbozo lento en venir

a la tela olvidada, y que el artista acaba

solamente por el recuerdo.

Por detrás de las rocas, una perra intranquila

nos miraba con ojo airado,

espiando el momento de arrancar del cadáver

el trozo que había lamido.

-¡Sin embargo serás como ese desperdicio,

como esa horrible infección,

estrella de mis ojos y sol de mi universo,

tú, ángel mío, mi pasión!

¡Sí! Así serás tú, oh reina de las gracias,

después del postrer sacramento,

cuando vayas, bajo hierba y florescencias fértiles,

a enmohecerte entre los huesos.

¡Entonces, mi belleza, diles a los gusanos

que con besos te comerán,

que he guardado la forma y la esencia divina

de mis amores descompuestos!

Perfume exótico

Con los ojos cerrados, en la noche otoñal,

respirando el aroma de tu cálido pecho,

sucederse contemplo las riberas felices

que un monótono sol deslumbra con sus fuegos;

Da la naturaleza en la isla perezosa

árboles singulares y frutos sazonados;

los hombres tienen cuerpos delgados, vigorosos,

las mujeres ojos que en su franqueza asombran.

Guiado por tu aroma hacia encantados climas,

veo un puerto repleto de velas y de mástiles,

fatigados aún por las olas del mar,

en tanto que el perfume de verdes tamarindos,

circulando en el aire distiende mi narina,

y en mi alma se confunde con cantos de marinos.

viernes, 3 de abril de 2009

El Siglo de las luces: material de apoyo



El Siglo de las luces: material de apoyo

María Pedragosa

Maldonado 2009

El Siglo de las luces (Extracto y resumen de la bibliografía adjunta)

El siglo XVIII constituye uno de los períodos claves de la civilización occidental. Se produce una verdadera revolución en el campo de las ideas y se asientan las bases intelectuales, sociales y políticas cuya vigencia se extiende hasta el presente. A partir de la situación europea de los siglos XVI y XVII se genera un replanteo existencial que culmina en lo político con la instauración de la burguesía como clase dominante (Revolución Francesa de 1789) y, en lo cultural, con la aparición de formas artísticas que revolucionan el propio concepto de arte.

El punto de partida de este movimiento, conocido como Ilustración, Iluminismo o enciclopedismo, debe buscarse en factores que surgen a finales de la Edad Media tales como el Renacimiento, la prosperidad creciente de las capas medias y el horizonte que se abre a partir del descubrimiento y conquista de pueblos lejanos y extraños. Pero es en el siglo XVII donde aparece el centro y motor del siglo siguiente: la razón. La racionalidad se va a convertir en el instrumento privilegiado para la captación de lo real e incluso en la estructura de lo real mismo. Hegel dirá después: “Todo lo real es racional y todo lo racional es real”. El máximo representante de este racionalismo del siglo XVII es René Descartes (1595-1650) quien en una de sus Meditaciones metafísicas sostiene: “¿Quién soy yo pues? Yo soy una cosa que piensa”. Afirma, de este modo, la racionalidad como el verdadero sentido de la existencia: cogito ergo sum (“pienso luego existo”). Una vez que la razón deviene el ser del hombre y el verdadero instrumento de su hacer, queda abierto el camino para una renovación radical de las ciencias que desplaza la imaginería mítica y religiosa con todo el esquema de vida asentado sobre esas convicciones. El desplazamiento del mito y el consecuente florecer de la razón se corresponde con la aparición de un nuevo hombre: el hombre ilustrado. La Ilustración, al decir de Kant, consiste “en el hecho por el cual el hombre ha alcanzado su mayoría de edad” (Emanuel Kant: Filosofía de la historia).

El hombre ilustrado asume su carácter de hombre frente a la autoridad que lo aplastaba (Iglesia, señor feudal, tributos, etc.) y, guiado por la fuerza de la razón, busca, más allá de los mitos y leyendas que le fueron impuestos, el verdadero sentido de su realidad interior y de la material que lo rodea. Esta misma actitud de rebeldía, de cuya vertiente socio-política Voltaire será máximo exponente, tendrá un eco similar en las ciencias. La física, particularmente, tendrá una renovación fundamental y su padre será otro de esos “hombres nuevos”: Isaac Newton (1642-1727). El físico inglés plantea la imagen de un universo matemático sometido a leyes que sólo la razón puede descubrir y al cual no rige ninguna finalidad moral, ni fuerza superior. En 1686 aparece el compendio fundamental de esta nueva física con el significativo título de Principios matemáticos de la filosofía natural, libro que va a producir una verdadera revolución no sólo en el campo de las ciencias sino también en la vida. En su Prólogo de la reedición de 1713, se sostiene que muchas de las leyes que ahí aparecen son “hoy aceptadas por todos los científicos”.

Así, esta revolución intelectual no quedó confinada al plano de la teoría, sino que fue canalizada por todo un movimiento político y social que comienza en Inglaterra en 1680 y alcanza su máximo apogeo años más tarde en Francia: La Ilustración.

El contexto ideológico

Postulados fundamentales de la Ilustración:

Ø La razón como método infalible para acceder a la verdad.

Ø El ejercicio de la razón debe producir un modo de vida justo y para todos los hombres.

Ø El orden de la sociedad y de la naturaleza es un orden matemático regido por leyes que se conoce por la ciencia.

Ø Es posible una infinita perfección de la naturaleza humana siguiendo los dictados de la razón.

El siglo XVIII se autodenominó filosófico en el sentido etimológico del término: amor a la sabiduría. En este sentido, la búsqueda del saber se vuelve fundamental y se extiende a todos los campos: ciencias naturales, historia, religión, derecho, sociedad, etc. El instrumento privilegiado de esta búsqueda es la razón, aspecto heredado del movimiento de renovación y liberación que significó el Renacimiento. Lo novedoso es el uso que se da a la razón, la metodología con que se la emplea. Ya el siglo XVII había usado la razón poniéndola al servicio de grandes construcciones filosóficas abarcadoras de una totalidad (Descartes, Leibniz, etc.). El siglo XVIII la empleará como método constante de crítica buscando un apoyo en los hechos reales, concretos y verificables que terminará por demoler aquellos sistemas. El modelo está tomado de las ciencias naturales desarrollado a partir de Galileo, Kepler y Newton. El método consiste en el análisis de los hechos, de los fenómenos para elevarse luego a las leyes y a los principios. Mientras el pensamiento del siglo XVII procedía deductivamente, fijando un principio a partir del cual se construía el sistema, el siglo XVIII va a proceder por inducción y análisis para llegar a los principios después de la minuciosa observación de lo fáctico. La razón, instrumento privilegiado de conocimiento, aparece no como un receptáculo del que extraer verdades, sino como una fuerza, una dirección, una energía que conducirá a la obtención de verdades. En síntesis, “El concepto de razón no se caracteriza como concepto de un ser, sino de un hacer”. (Ernst Cassirer: Filosofía de la Ilustración)

La misma racionalidad de la naturaleza, estudiada por las ciencias, se va a exigir en la esfera humana. Así, la Ilustración se aplica a ejercer una crítica completa de los aspectos políticos, morales y religiosos de la vida.

La crítica de las religiones es absoluta: se ataca la irracionalidad de sus dogmas, la superstición e ignorancia que favorecen la sumisión ante la injusticia que pregonan la hipocresía de los sacerdotes.

A esto se va a oponer el deísmo, una religión fundada en la razón y la naturaleza, que se limita a reconocer la existencia de un ser supremo a quien se venera sin idolatría, a quien se rinde un culto puramente íntimo, que no necesita intermediarios ni interviene en los asuntos humanos. Más allá de su aspiración racional, el deísmo no es único sino que presenta varias versiones.

Otros, como D’Holbach, niegan la existencia de Dios: para él, el universo era puramente material. Hay también ejemplos de agnosticismo y escepticismo religioso, como los de Locke y Hume que no se pronuncian sobre la existencia o inexistencia de un Creador. Pero el Siglo XVIII fue mayoritariamente deísta antes que ateo o agnóstico.

La Enciclopedia

Se introduce la “idea de progreso“, la creencia en el progreso indefinido de la humanidad, que heredará el positivismo del siglo XIX. El progreso es entendido como la expansión del saber: las “luces” de la razón y los conocimientos conducen la marcha ascendente de la humanidad. De este modo, se fundamenta el papel del intelectual como guía y conductor espiritual de los pueblos.

De estas convicciones surge la idea de la publicación de un vasto diccionario que abarque y trate detenidamente todos los aspectos del saber humano de la época. Aparece, así, La Enciclopedia “Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios”. Se realiza entre 1745 y 1772 bajo el enérgico impulso de Diderot con la colaboración de todos los intelectuales importantes de su tiempo.

El propósito no es sólo transmitir un conjunto de conocimientos, sino “cambiar la manera habitual de pensar”. La Revolución Francesa es, ideológicamente, consecuencia de la tarea de los enciclopedistas quienes proveen a los revolucionarios de 1789 un cuerpo de ideas tanto de crítica y negación del pasado como de un proyecto para el futuro. Si bien no se considera revolucionarios a los enciclopedistas, éstos presentaron una visión crítica y reformista, poniendo a disposición de la burguesía una serie de ideas, convicciones y teorías que serían ampliamente utilizadas y cuya vigencia alcanza el presente actual.

El manejo orgulloso y triunfal de la razón, la creencia en el progreso y el liberalismo, contribuyeron a dar, a buena parte de este siglo, esa visión optimista del mundo y de la vida.

El contexto político

Los errores repetidos de la política real precipitan la ruina del régimen. Bajo Luis XIV los desastres militares y diplomáticos se acumulan. A pesar de los esfuerzos la monarquía se desacredita; el Rey, aislado del pueblo, se deja comprometer y maniobrar por los privilegiados. No puede refrenar la oposición sistemática de los Parlamentos y, sobre todo, la terrible crisis financiera que será causa determinante de la Revolución.

Desde la muerte de Luis XIV se asiste a una crisis de autoridad que traerá aparejada la caída de régimen. La crisis llegó a su punto culminante con la firma del tratado de Aix-la-Chapelle mediante el cual Luis XIV abandona todas sus conquistas comprando una paz precaria.

Esta crisis deja libre el campo a los innovadores y las ideas encuentran en la opinión pública una audiencia cada vez mayor.

Francia tiene su tesoro arruinado, su comercio agonizante y destruidas por completo las probabilidades de volver a ser el eje de la política europea. Es el país donde se produce el estallido revolucionario del 14 de julio de 1789.

En cuanto al pensamiento político, la filosofía de la Ilustración rechaza el despotismo y se aferra a la idea de libertad que había heredado del Renacimiento. Tuvo en Inglaterra su antecedente inmediato: el Parlamentarismo y los derechos de los ciudadanos. Para Voltaire, gran admirador de Inglaterra donde estuvo exiliado, el concepto de libertad coincide con el de los derechos humanos: “¿De hecho, qué es ser libre? Es conocer los derechos del hombre y, una vez conocidos, se defienden sin más.” Se convierte en un fervoroso defensor de la libertad de expresión: “Pertenece al derecho natural servirse de su pluma y de su palabra a riesgo propio. Conozco muchos libros aburridos, pero ninguno que haya hecho mal de verdad.” Y agrega: “No estoy de acuerdo con una sola palabra, pero defenderé hasta la muerte vuestro derecho a hacerlo”.

Se proponen diferentes sistemas políticos para remplazar al despotismo: el modelo inglés, la monarquía ilustrada (un monarca gobernando con la guía de la razón y las luces de los filósofos), la república.

Montesquieu (1689-1755) intenta crear una ciencia de las leyes positivas descubriendo el orden subyacente bajo la heterogeneidad de los hechos. (El espíritu de las leyes). Según el filósofo, las leyes dependen del lugar y del momento de su aplicación; sin embargo los pueblos civilizados dependen menos que los primitivos de las condiciones de su territorio y clima y es posible conferirle las leyes necesarias que los conduzcan a la moderación, la libertad, la utilidad social y la felicidad. Prefiere para Francia una monarquía moderada por los poderes intermedios de la nobleza y los parlamentos, que se opongan a una primacía absoluta del rey. Realiza la descripción del régimen inglés, de apariencia monárquica pero en realidad republicano, donde el equilibrio de los tres poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial) está asegurado por su separación y los controles que ejercen entre ellos. De esta manera, las libertades y los derechos humanos de los ciudadanos quedan protegidos.

Rousseau (1712-1778) funda la teoría de la democracia. Se basa en un contrato libremente establecido entre los miembros de una comunidad (el contrato social) por el cual ellos ceden sus derechos a favor de la comunidad. Esta abdicación les asegura la igualdad y la libertad. Por este contrato todos quedan sometidos a la “voluntad general”. Sólo la voluntad general puede hacer las leyes y el pueblo soberano debe expresarse directamente porque la soberanía es inalienable y no se puede delegar en representantes. La aplicación de las leyes sólo se confía a un gobierno ejecutivo por razones prácticas y éste puede ser derribado en caso de no cumplir con los dictados del pueblo. La voluntad general es expresión de la mayoría y a las minorías sólo se le reconoce el derecho de llegar a convertirse en mayorías. De este modo, se asegura la libertad auténtica puesto que “La libertad quiere decir vinculación a una ley rigurosa e inviolable que cada individuo establece por sí mismo […] el individuo, al unirse con los demás […] se obedece tan sólo a sí mismo”.

El siglo XVIII elaboró una teoría económica cuya idea central es también, como en otros campos, la libertad; sostiene el postulado de la libertad económica... La prosperidad de una nación no depende de la acumulación de metales preciosos, como afirmaba el Mercantilismo, sino del trabajo de sus habitantes (fundamentalmente el sector primario: agricultura, ganadería, pesca y minería). El comercio es un simple vehículo de la circulación de bienes. Se debe dejar que la producción y comercialización de las mercaderías se realice libremente. La naturaleza y el comercio están regidos por leyes “naturales” que actúan por sí mismas en forma beneficiosa. Toda intervención del Estado en materia económica sólo conduce a entorpecer su funcionamiento. Su fórmula fue: “laissez faire et laissez passer; le monde va de lui même” (“dejad hacer, dejad pasar; el mundo camina solo”). La versión inglesa de esta teoría corresponde a Adam Smith y la francesa a Quesnay y Turgot (Fisiocracia). Adam Smith da más espacio a la intervención del Estado.

El liberalismo económico es la expresión de una nueva situación de la burguesía. Mientras la clase burguesa fue económica y socialmente débil, necesitó la protección estatal para crecer y consolidarse y la política proteccionista del Mercantilismo se lo permitió. En el siglo XVIII consolidó sus posiciones y la expansión de sus negocios necesita la supresión de toda traba. Esta teoría se llevará a la práctica a partir de la Revolución de 1789.

El contexto social

Ø Aparición de ideales humanitarios y de reforma social (Por ejemplo: rechazo del castigo despiadado para la contención de la delincuencia).

Ø Rechazo de la guerra y la esclavitud.

Ø Preocupación por las clases humildes.

Ø Establecimiento de hospitales de maternidad y adelanto de las medidas sanitarias.

Los filósofos de la Ilustración hacen una aguda crítica a la defectuosa organización social. Esto tiene sus antecedentes en el siglo XVII (Locke, Hobbes) y las teorías políticas antes mencionadas constituyen algunas de sus respuestas...

El siglo XVIII recibe la herencia renacentista de la concepción del derecho natural: un orden legal, justo y armónico en el que hay que apoyarse para construir el derecho positivo realmente vigente en una sociedad dada. El derecho ya no se va a fundar ni en los dogmas teológicos y ni en el absolutismo del Estado. Existe antes que el poder humano o el poder divino, se funda en la naturaleza y en la razón. Montesquieu define las leyes como “las relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas”. Y la Declaración del hombre y del ciudadano de 1789 dice que los derechos son “naturales, inalienables, imprescriptibles y sagrados”.

Aparece la idea del “estado natural” en que el hombre habría vivido antes de asociarse en comunidad.

Hobbes lo concibe como un momento caótico de guerra de todos contra todos, donde se imponen los más fuertes. Por esta razón los hombres se impusieron un contrato social para protegerse de la inseguridad y delegaron la soberanía en un monarca.

Rousseau concibe el estado de naturaleza como una etapa paradisíaca donde los hombres viven aislados y felices, sin otra preocupación que el sustento material. Los males y la degradación comienzan con el establecimiento de la propiedad individual. Cuando un hombre o un grupo de hombres se apodera de un bien, que hasta entonces era de todos porque no era de nadie, se instaura la división entre ricos y pobres, entre poseedores y desposeídos. Los primeros legitiman la situación imponiendo leyes que fundan la sociedad civil y eligiendo magistrados que hagan respetar esas leyes. Pero Rousseau no postula un retorno al estado primitivo para permanecer en él. La vuelta a la naturaleza original debe darse a los efectos de partir desde ahí hacia un nuevo comienzo que permita edificar la nueva sociedad sobre la base de la igualdad y la justicia, esto es, la sociedad democrática de El Contrato social.

La vida social y cultural de las clases alta y media-alta se traslada desde la Corte a París. Este desplazamiento se corresponde con el cambio social por el cual la antigua nobleza cortesana se ve desplazada por la burguesía ascendente. Esta última será la productora y consumidora más importante de los nuevos productos culturales.

Los centros de reunión son los salones, los cafés y los clubes. El Club de L' Entresol fue definido por uno de sus miembros, el marqués de Argenson como “una especie de club inglés o de sociedad política perfectamente libre, compuesta por gente que guste razonar sobre lo que piensa y decirlo sin miedo de comprometerse”.

Entre los Cafés públicos y privados los más conocidos fueron el Procope, Laurent Y Gradot. El éxito de los cafés públicos hizo que la sociedad convirtiera, algunos días, los salones en cafés.

Los salones más conocidos eran los de la duquesa del Maine, al que concurre Voltaire; el de la marquesa de Lambert, donde se reúnen Montesquieu y Marivaux; el de Madame de Geoffrin, con la presencia de Montesquieu, Marivaux, Helvetius, D’Alembert, D’Holbach. Este último es el más importante: se plantea y se discute la publicación de La Enciclopedia y la dueña de casa colabora con la subvención del proyecto.

En los salones reina la conversación brillante, el juego de ingenio, la galantería, los placeres refinados. Son la ocasión para que se manifieste esa veta mundana, frívola y exquisita que es inseparable de las costumbres de la época.

El contexto literario

Las transformaciones señaladas anteriormente van a pautar la aparición de un nuevo tipo de letras y un nuevo tipo de lector. Entre los precursores e iniciadores de este nuevo modo de hacer literatura -que dará por resultado, según el concepto de Arnold Hauser, “un nuevo público lector”- se encuentran personas de muy diversas tendencias e iniciativas: Saint-Simon, Fontenelle, Bayle, Montesquieu, Voltaire, Diderot, Rousseau…

Los escritores casi no participan del ascenso de la burguesía. Su condición material, a menudo mediocre, no se corresponde con el rol esencial que ocupan en la vida social. La condición de los escritores se caracterizó por:

Ø La mediocridad material: muchos escritores viven de lo que escriben, pero el trabajo intelectual no era bien retribuido. No hay derecho de autor.

Ø La inseguridad: la censura y las persecuciones traban la libertad de expresión.

Ø Prestigio social: los hombres de letras adquieren, sin embargo, con la independencia, el derecho de la consideración. Se vuelven los dueños de la opinión. El hombre de gabinete del siglo XVII pasa a ser hombre de acción.

Las obras literarias acusan las tendencias filosóficas. A pesar del peso de figuras como Voltaire o Diderot el gusto literario va a ir transformándose. El público francés comienza a dejar de lado los análisis en los que se complacen los filósofos. Acogen favorablemente las obras extranjeras que responden a la necesidad de emoción o misterio: las novelas inglesas de Richardson, el Werther de Göethe. De esta manera, va despertándose un estado espiritual que encontrará su completa expresión en el movimiento pre- romántico y romántico.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII las ideas filosóficas se afirman con una osadía cada vez mayor. Se abren nuevos salones que van a contribuir a su difusión. En el salón de Mme. du Deffand, quien permanece fiel a las antiguas tradiciones, los filósofos deben adoptar ciertas reservas, pero en el de Mme. Geoffrin que protege abiertamente a los enciclopedistas la conversación se da con mayor libertad. Otros salones son verdaderas “sinagogas filosóficas” donde comienza el germen de una ideología prerrevolucionaria.

Una reacción se dibuja contra la sequedad de la razón, esta postura gana lugares de moda el Salón de Mme. de Lespinasse, donde exaltan y descubren “las delicias del sentimiento”. Al mismo tiempo, gran parte del público permanece accesible a preocupaciones místicas y prejuicios supersticiosos. Se fundan sectas de iluminados. Paralelamente a las conquistas del espíritu positivo se extiende una curiosidad por lo sobrenatural que retumba en la inspiración de los escritores y anuncian ciertas tendencias del romanticismo.

El espíritu filosófico tan expandido en los salones frecuentados por los enciclopedistas encuentra, sin embargo, alguna resistencia.

Durante la primera mitad del siglo, el sentimiento estuvo preservado por la ironía y la pasión por la frivolidad.

Hacia la mitad del siglo, la razón parece a veces reseca y aburrida. Las lágrimas, suspiros, efusiones se ponen de moda, así como las inquietudes, desesperanzas y éxtasis. Guiados por el ejemplo de novelistas y poetas ingleses y luego por los pre-románticos alemanes, los escritores buscan satisfacer las nuevas aspiraciones del público. El gran maestro de esta generación fue Rousseau.

Las artes

El siglo XVII vivió una crisis en la que algunas coronas quedaron en bancarrota. Las luchas religiosas y coloniales agotaron a los pueblos y sus economías. El manierismo había anteriormente acentuado el virtuosismo técnico, tal como se manifestó en Tintoretto, y la exageración, como en el caso de El Greco. Más adelante, la estética y la teoría del arte barroca favorecieron con frecuencia el sometimiento del mundo a un torbellino de movimiento y de expresividad. En el Barroco fue frecuente el gusto por la paradoja y la complicación. En la literatura española el culteranismo y el conceptismo pugnaron por conseguir el lucimiento de las obras a costa de su accesibilidad, pues, como escribía Góngora, "honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres doctos, hablar de manera que a ellos les parezca griego". El placer estético al que se invita al receptor de las obras artísticas es el de internarse en su oscuridad. Tales tendencias parecen ser contrarrestadas en la filosofía de la época cuyo máximo exponente es el racionalismo cartesiano que, adoptando el ejemplo de la matemática, pretende aportar luz y claridad.

Estética y teoría del arte de la segunda mitad del siglo XVII procuraron poner orden encontrando normas. Durante el reinado de Luis XIV, el intento por normativizar las artes dio lugar a diversas Academias en las que se intenta imponer orden en lo artístico. En 1669 François d’Aubignac no sólo defiende que el teatro debe tener reglas sino que éstas deben depender de la razón y del sentido común debiendo considerarse toda licencia como un crimen.

De la naturaleza dependen artes y ciencias pero, puesto que la naturaleza humana es racional, ambas deben ser guiadas por la razón. Objetividad y subjetividad se oponen y, por tanto, también razón e imaginación. De la misma forma que Descartes pretendió encontrar un primer principio en el que fundamentar el trabajo intelectual, Charles Batteux en su libro Las bellas artes reducidas a un mismo principio (1746) propuso como elemento unificador de las artes la imitación de la bella naturaleza. Las artes debían imitar, bajo la dirección de reglas racionales, una naturaleza en la que la Razón debía también encontrar claridad y distinción. De esta forma, al situar bajo la protección de la razón tanto las ciencias como las artes, se intentaba evitar las extravagancias surgidas en el manierismo y en el barroco.

Nicolás Boileau escribió su tratado Arte poético en el que, situarse en la línea de Aristóteles, fijaba cánones -como el de las llamadas "tres unidades" para el teatro- con pretensiones de universalidad e intemporalidad. Todo debía ir paso a paso, bajo control aunque intentando evitar un rigor excesivo: "Trop de rigueur alors serait hors de saison". Respetar las reglas sería testimonio de buen gusto. La importancia que toma la cuestión del gusto, en esta época, revela una preocupación benevolente por los efectos que las artes puedan causar en los espectadores, así como un interés creciente por la dimensión subjetiva de lo estético. El "objetivista" Boileau incluso señala que el fin de las artes es agradar y conmover, aunque sin brindar nada increíble al espectador, al punto que recomienda que no se ofrezca al lector "nada más que lo que pueda agradarle". También puede introducirse falsedad en la fábula a los efectos de hacer brillar, ante los ojos, la verdad sin la que no puede concebirse la belleza. Lo bello queda subordinado a lo verdadero y también a lo bueno o, más bien, a lo moralizante, evitando, en general, que el vicio pueda aparecer como algo amable ante los ojos de los lectores.

Sin embargo, tal como había visto Aristóteles, el estatuto de las artes y el del mundo cotidiano son diferentes. De ahí que "no hay serpiente ni monstruo odioso que, imitado por el arte, no pueda resultar grato a la vista" (Boileau: Arte Poético).

¿Pertenecen o no a distintos dominios artes, ciencias y vida cotidiana? Las Academias de Luis XIV sostuvieron que si. Es significativo que el tema a concurso propuesto por la Academia de Dijon en 1750 partiera del presupuesto del paralelismo entre las Ciencias y las Artes. En su respuesta, Rousseau no se cuestiona si tal identificación es o no oportuna. Por el contrario, Diderot se plantea en qué consiste la especificidad de las artes. Como respuesta a esta cuestión surge esta otra que se suscitará especialmente en la ilustración inglesa: ¿cuál es el origen de nuestra idea de belleza? La hipótesis que subyace a esa investigación es que averiguar cuándo surgió tal idea podrá servir para fundamentar y orientar racionalmente las artes; es decir, para deducir del origen los pasos subsiguientes. Pero, las tensiones que surgen en el pensamiento estético de los ilustrados están precisamente relacionadas con el intento de someter las artes a las “luces“. ¿Hasta qué punto puede lograrse? ¿Con qué costos? ¿Qué papel juegan en el ámbito artístico la razón, la imaginación y el sentimiento?

Bibliografía

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